De los creadores de: "¡Ya está bien! ¡No voy a comprarme más chismes para la cocina!", llega a sus pantallas: "Au se ha comprado una heladera."
Después de tener cientos y cientos de trastos, no saber ya dónde meterlos y prometerte a ti misma que no vas a seguir comprando cosas... Vuelves a hacerlo, vas y te compras más chismes que esperas al menos usar... Te odias a ti misma, todo el mundo te riñe y después de un tiempo, vuelta a empezar.
Así que después de pasarme un montón de días jugando con mi nuevo juguete, probando mil recetas y definitivamente rompiendo la esperanza de todo tipo de dieta este verano, he conseguido empezar a hacer helados aceptables.
Lo importante a la hora de hacer helados caseros es que todo esté muy frío a la hora de ponerte manos a la obra y que la masa tenga una cantidad adecuada de grasa para que el helado quede cremoso. Se pueden hacer sin problema manualmente, simplemente cuesta un poco más de trabajo.
INGREDIENTES
300ml de nata para montar
200ml de leche entera
3 cucharadas de azúcar
1 cucharada de azúcar avainillado
10-12 galletas oreo
1. En un cazo ponemos a calentar a fuego medio la nata, la leche y el azúcar. Mezclamos y removemos bien todo y calentamos unos minutos sin que llegue a hervir. Retiramos y dejamos que enfríe un poco y guardamos la masa en la nevera unas 10-12h para que esté bien fría.
2. Trituramos con ayuda de una picadora o con un rodillo las galletas Oreo y reservamos porque se añaden justo al final.
3. Ponemos en marcha la máquina y cuando el helado vaya cogiendo textura, añadimos las migas de galleta para que se mezclen con la masa.
Colocamos el resultado en un tupper que vamos a meter al congelador durante un ratito antes de consumirlo. Se puede consumir al momento sin problema pero la textura del helado será mucho más líquida.
4. Sacar el helado unos 15 minutos antes de servir el helado. Servir solo o como mucho acompañado de un par de galletas Oreo.
HELADO HECHO A MANO
1. Metemos la nata y la leche que vayamos a emplear con bastante tiempo en la nevera para que esté todo frío a la hora de hacer la masa.
2. Añadimos el azúcar a la leche y removemos para que se disuelva. Montamos la nata con ayuda de una batidora de varillas y la incorporamos poco a poco al resto de la masa sin dejar de batir.
3. Añadimos los trocitos de galletas y removemos para que se mezclen.
4. Metemos el helado al congelador y la cuestión es que hay que batirlo de vez en cuando para que se formen la menor cantidad posible de cristales de hielo, así que más o menos hay que batir un 2-3 veces cada hora, durante al menos 3 horas, hasta que tenga una textura adecuada.
miércoles, 20 de agosto de 2014
miércoles, 23 de julio de 2014
Falafel
Ahora que es veranito y es tiempo de piscina y de salir, en casa tenemos que plantearnos la cocina de otra manera, lo que implica tener que dejar la comida
hecha o casi hecha para no tener que acabar comiendo cualquier cosa o bien que con las prisas lo que iba a ser una comida estupenda se convierta en algo desastroso.
La receta de hoy es estupenda para eso mismo, la dejas hecha, te olvidas y encima cuando llegues hambrienta a casa te pones toda contenta.
Debido a la gran aceptación que ha tenido la comida oriental en este país, supongo que es difícil encontrar a alguien en la sala que no sepa lo que es el falafel. Sólo por si acaso, el falafel son croquetas de garbanzos que suelen servirse acompañadas con salsa de yogur. Están muy buenas, son muy fáciles y lo único que necesitáis es un poquito de tiempo.
INGREDIENTES
500g garbanzos
2 cucharadas de semillas de lino/sésamo
1 cucharada de bicarbonato
1-2 cucharaditas de comino molido
1-2 cucharaditas de orégano
1 cebolleta mediana
2 dientes de ajo
2-3 cucharadas de harina de garbanzo/pan rallado
4-5 ramitas de cilantro fresco
Pimienta
Sal
SALSA DE YOGUR
1 yogur natural
1/2-1 diente de ajo
1 limón
1 pizca de sal
1 pizca de pimienta negra
1. Ponemos los garbanzos en remojo durante al menos 24h, para que cuando vayamos a usarlos estén bien hidratados.
Evitar usar garbanzos de bote, porque como tienen mucha agua las croquetas se os pueden desintegrar en la sartén cuando vayáis a freír.
2. Cuando estén los garbanzos bien hidratados, retiramos el agua con ayuda de un escurridor y los dejamos un rato sobre un trapo de cocina limpio para eliminar todo el agua posible.
3. Trituramos los garbanzos con una batidora o picadora y vertemos el resultado sobre un recipiente grande donde podamos elaborar bien la masa.
4. Añadimos la sal, la pimienta, el bicarbonato, las semillas de lino o de sésamo, el orégano y el comino. Con ayuda de las manos, mezclamos los ingredientes.
Picamos muy fino el ajo, la cebolleta y las hojas de cilantro. Añadimos a la masa y volvemos a mezclar.
5. La masa es muy probable que esté muy húmeda y que sea difícil formar las croquetas, por lo que añadimos harina de garbanzos para ayudar a compactar la masa. Sino tenéis este tipo concreto de harina por casa, podéis usar otras harinas o bien pan rallado.
6. Formamos las croquetas con las manos algo húmedas para que se nos pegue la masa lo menos posible.
Salen bastantes croquetas (entre 25-30), así que podéis congelarlas sin problema.
7. Freímos en abundante aceite de oliva por ambos lados y las colocamos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
8. Elaboramos la salsa de yogur: sacamos el yogur de envase y le añadimos el zumo de medio limón, la sal y la pimienta. Picamos el ajo lo más fino que podamos y se lo añadimos al yogur. Mezclamos todo y lo guardamos en la nevera para que esté fría cuando la vayamos a consumir.
9. Servir el falafel acompañado de salsa de yogur y de una ensalada de tipo griego (pimiento rojo y verde, tomate, pepino, aceitunas negras y queso feta).
También pueden servirse en pan de pita o tortas de trigo.
La receta de hoy es estupenda para eso mismo, la dejas hecha, te olvidas y encima cuando llegues hambrienta a casa te pones toda contenta.
Debido a la gran aceptación que ha tenido la comida oriental en este país, supongo que es difícil encontrar a alguien en la sala que no sepa lo que es el falafel. Sólo por si acaso, el falafel son croquetas de garbanzos que suelen servirse acompañadas con salsa de yogur. Están muy buenas, son muy fáciles y lo único que necesitáis es un poquito de tiempo.
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500g garbanzos
2 cucharadas de semillas de lino/sésamo
1 cucharada de bicarbonato
1-2 cucharaditas de comino molido
1-2 cucharaditas de orégano
1 cebolleta mediana
2 dientes de ajo
2-3 cucharadas de harina de garbanzo/pan rallado
4-5 ramitas de cilantro fresco
Pimienta
Sal
SALSA DE YOGUR
1 yogur natural
1/2-1 diente de ajo
1 limón
1 pizca de sal
1 pizca de pimienta negra
1. Ponemos los garbanzos en remojo durante al menos 24h, para que cuando vayamos a usarlos estén bien hidratados.
Evitar usar garbanzos de bote, porque como tienen mucha agua las croquetas se os pueden desintegrar en la sartén cuando vayáis a freír.
2. Cuando estén los garbanzos bien hidratados, retiramos el agua con ayuda de un escurridor y los dejamos un rato sobre un trapo de cocina limpio para eliminar todo el agua posible.
3. Trituramos los garbanzos con una batidora o picadora y vertemos el resultado sobre un recipiente grande donde podamos elaborar bien la masa.
4. Añadimos la sal, la pimienta, el bicarbonato, las semillas de lino o de sésamo, el orégano y el comino. Con ayuda de las manos, mezclamos los ingredientes.
Picamos muy fino el ajo, la cebolleta y las hojas de cilantro. Añadimos a la masa y volvemos a mezclar.
5. La masa es muy probable que esté muy húmeda y que sea difícil formar las croquetas, por lo que añadimos harina de garbanzos para ayudar a compactar la masa. Sino tenéis este tipo concreto de harina por casa, podéis usar otras harinas o bien pan rallado.
6. Formamos las croquetas con las manos algo húmedas para que se nos pegue la masa lo menos posible.
Salen bastantes croquetas (entre 25-30), así que podéis congelarlas sin problema.
7. Freímos en abundante aceite de oliva por ambos lados y las colocamos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
8. Elaboramos la salsa de yogur: sacamos el yogur de envase y le añadimos el zumo de medio limón, la sal y la pimienta. Picamos el ajo lo más fino que podamos y se lo añadimos al yogur. Mezclamos todo y lo guardamos en la nevera para que esté fría cuando la vayamos a consumir.
9. Servir el falafel acompañado de salsa de yogur y de una ensalada de tipo griego (pimiento rojo y verde, tomate, pepino, aceitunas negras y queso feta).
También pueden servirse en pan de pita o tortas de trigo.
miércoles, 9 de julio de 2014
Empanadillas de salmón y manzana
Durante mis años de universidad desarrollé un fuerte instinto de abuela que me impide tirar sobras o al menos me obliga a intentar aprovecharlas en la medida de lo posible. Ahora por suerte tenemos gallinas y si hay sobras se las comen ellas que luego nos dan huevos, así que me parece justo.
Esta receta apareció como receta de aprovechamiento porque cuando compramos salmón como llena mucho, siempre acaba sobrando más de un trozo ya sea cocinado o no. Así que para que no acabe en la basura o se lo coman las gallinas, lo acabo aprovechando para unas empanadillas o bien para un picadillo o ensalada.
INGREDIENTES
Obleas para empanadillas
2 manzanas medianas
Salmón a la plancha
3-4 cucharadas de queso ricotta
1 huevo
Pizca de sal
Orégano
Pimienta
1. Precalentamos el horno a 180-190º.
2. Sacamos las obleas para empanadillas de la nevera para que en lo que elaboramos el relleno, luego estén más manejables.
Hay miles de recetas para hacer en casa la masa de empanadillas... pero como no soy perfecta, tengo que reconocer que para cenas o comidas rápidas me puede la pereza y siempre las utilizo de las compradas.
3. En un bol, picamos los restos de pescado (teniendo cuidado de retirar todas las espinas), pelamos y picamos la manzana en trocitos y añadimos las cucharadas de ricotta. Con ayuda de un tenedor vamos formando una pasta compacta. Añadimos orégano, pimienta y un poquito de sal.
4. En cada oblea de empanadilla colocamos una porción de relleno, con cuidado de no pasaros para que luego la empanadilla cierre bien. Con ayuda de un tenedor sellamos los bordes y las vamos colocando sobre un pliegue de papel de horno.
5. Pintamos con el huevo batido todas las empanadillas y con ayuda de un cuchillo hacemos un par de pequeños agujeros en cada una, para evitar que se nos estallen en el horno.
6. Horneamos durante unos 10-15 minutos, hasta que estén doraditas.
7. Servir recién hechas acompañadas de una ensalada.
Esta receta apareció como receta de aprovechamiento porque cuando compramos salmón como llena mucho, siempre acaba sobrando más de un trozo ya sea cocinado o no. Así que para que no acabe en la basura o se lo coman las gallinas, lo acabo aprovechando para unas empanadillas o bien para un picadillo o ensalada.
INGREDIENTES
Obleas para empanadillas
2 manzanas medianas
Salmón a la plancha
3-4 cucharadas de queso ricotta
1 huevo
Pizca de sal
Orégano
Pimienta
1. Precalentamos el horno a 180-190º.
2. Sacamos las obleas para empanadillas de la nevera para que en lo que elaboramos el relleno, luego estén más manejables.
Hay miles de recetas para hacer en casa la masa de empanadillas... pero como no soy perfecta, tengo que reconocer que para cenas o comidas rápidas me puede la pereza y siempre las utilizo de las compradas.
3. En un bol, picamos los restos de pescado (teniendo cuidado de retirar todas las espinas), pelamos y picamos la manzana en trocitos y añadimos las cucharadas de ricotta. Con ayuda de un tenedor vamos formando una pasta compacta. Añadimos orégano, pimienta y un poquito de sal.
4. En cada oblea de empanadilla colocamos una porción de relleno, con cuidado de no pasaros para que luego la empanadilla cierre bien. Con ayuda de un tenedor sellamos los bordes y las vamos colocando sobre un pliegue de papel de horno.
5. Pintamos con el huevo batido todas las empanadillas y con ayuda de un cuchillo hacemos un par de pequeños agujeros en cada una, para evitar que se nos estallen en el horno.
6. Horneamos durante unos 10-15 minutos, hasta que estén doraditas.
7. Servir recién hechas acompañadas de una ensalada.
miércoles, 25 de junio de 2014
Pulpo en aliño
Creo que ya podemos oficialmente gritar aquello de "¡VERANO! ¡VERANO!" desde la playa, la piscina, luciendo palmito desde la terraza de cualquier bar o en casa medio despelotados frente del ventilador. Así que ahora sí que oficialmente queda inaugurada la temporada de cervecitas, tintos de verano, gazpachos, ensaladas, picadillos y demás familia.
Así que por eso hoy os cuento una receta altamente recomendada para el verano, por sencilla y fresquita. Mi madre nos la lleva preparando desde que éramos pequeños, cuando todavía vivíamos en Chipiona y como fans incondicionales del pulpo cualquier excusa es buena para que aparezca encima de la mesa. Es una preparación bastante común en Andalucía y nos vale también para más tipos de pescado, huevas...
INGREDIENTES
2-3 patas de pulpo
1cebolleta grande/2pequeñas
1 ramita de perejil
Sal
Aceite de oliva suave
Vinagre de Jerez
Se suelen añadir más verduras: tomate, pimiento rojo y pimiento verde.
1. Lavamos y limpiamos bien el pulpo con abundante agua debajo del grifo y si lo hemos comprado con vísceras incluídas, se las quitamos.
2. Cocer el pulpo en una cazuela con abundante agua durante unos 30 minutos (no hay que echarle nada más, ni siquiera sal). El tiempo de cocción siempre depende del tamaño y del tipo de pulpo, así que comprobar bien que no os quede duro porque puede necesitar más tiempo.
Nosotros solemos aprovechar para cocer un pulpo entero y lo aprovechamos en distintas recetas.
3. Retiramos, escurrimos y con ayuda de unas tijeras troceamos en una ensaladera o recipiente hondo.
Esperamos a que enfríe antes de añadir el resto de ingredientes.
4. Troceamos finamente la cebolleta y el perejil. Se lo añadimos al pulpo.
5. Preparamos el aliño como si fuera una vinagreta en proporción 3:1, 3 cucharadas de aceite por cada cucharada de vinagre, hasta que haya más o menos suficiente como para cubrir los trocitos de pulpo.
Añadimos sal y removemos bien.
6. Es conveniente dejarlo hecho de un día para otro o del mediodía para la noche, para que se cojan bien todos los sabores.
7. Servir para picar acompañado de unos trocitos de pan.
Así que por eso hoy os cuento una receta altamente recomendada para el verano, por sencilla y fresquita. Mi madre nos la lleva preparando desde que éramos pequeños, cuando todavía vivíamos en Chipiona y como fans incondicionales del pulpo cualquier excusa es buena para que aparezca encima de la mesa. Es una preparación bastante común en Andalucía y nos vale también para más tipos de pescado, huevas...
INGREDIENTES
2-3 patas de pulpo
1cebolleta grande/2pequeñas
1 ramita de perejil
Sal
Aceite de oliva suave
Vinagre de Jerez
Se suelen añadir más verduras: tomate, pimiento rojo y pimiento verde.
1. Lavamos y limpiamos bien el pulpo con abundante agua debajo del grifo y si lo hemos comprado con vísceras incluídas, se las quitamos.
2. Cocer el pulpo en una cazuela con abundante agua durante unos 30 minutos (no hay que echarle nada más, ni siquiera sal). El tiempo de cocción siempre depende del tamaño y del tipo de pulpo, así que comprobar bien que no os quede duro porque puede necesitar más tiempo.
Nosotros solemos aprovechar para cocer un pulpo entero y lo aprovechamos en distintas recetas.
3. Retiramos, escurrimos y con ayuda de unas tijeras troceamos en una ensaladera o recipiente hondo.
Esperamos a que enfríe antes de añadir el resto de ingredientes.
4. Troceamos finamente la cebolleta y el perejil. Se lo añadimos al pulpo.
5. Preparamos el aliño como si fuera una vinagreta en proporción 3:1, 3 cucharadas de aceite por cada cucharada de vinagre, hasta que haya más o menos suficiente como para cubrir los trocitos de pulpo.
Añadimos sal y removemos bien.
6. Es conveniente dejarlo hecho de un día para otro o del mediodía para la noche, para que se cojan bien todos los sabores.
7. Servir para picar acompañado de unos trocitos de pan.
jueves, 12 de junio de 2014
Scones {Un paseo por Inglaterra}
Últimamente, entre unas cosas y otras no he tenido mucho tiempo de ajustarme el delantal. Pero sí he tenido tiempo de escaparme de minivacaciones a Inglaterra y pasar unos días por Cambridge. Es una ciudad increíble que os recomiendo sin duda visitar porque es muy muy muy bonita.
Comí de más, dormí de menos, bebí mucha cerveza, vi muchos jardines, colleges y demás cosas bonitas, andé y paseé mucho, tomé un par de pintas en el pub donde Watson y Crick fueron a celebrar que habían descubierto el ADN, tomé té para merendar, me hice un trillón de fotos y por supuesto... me compré libros de cocina.
Así que invadida por el espíritu de "I love England and its Queen", he decidido preparar mi muy favorita pieza de repostería inglesa: los scones, que son unos panecillos redondos, que se sirven con una crema (clotted cream) y mermelada. Si a eso le sumáis un té, tendríamos un cream tea, o lo que es lo mismo, la definición perfecta de felicidad y de decirle adiós a la dieta.
Y cómo no... os tengo que hablar de la comida. Todo conocemos el topicazo y ya nos hemos aprendido aquello de que la gastronomía inglesa no es buena y que no está precisamente entre las mejor valoradas. Pero puedo decir que comimos muuuuy bien y cosas muuuuuy ricas, y por supuesto, grandes éxitos como el fish and chips o el roast beef.
INGREDIENTES
Para 8-9 scones
250g harina de trigo
1 huevo
75g mantequilla
150ml de leche entera/nata líquida
1 cucharada y media y azúcar glas
1 cucharada de levadura en polvo
1 cucharadita de levadura de panadería seca
1 pizca de sal
Opcional: pasas, arándanos, frutos secos...
Receta inspirada en una de las recetas de scones de Nigella Lawson y en otra receta de la BBC.
1. Precalentamos el horno a 200º.
2. Justo antes de ponernos manos a la obra, sacamos la mantequilla de la nevera y la cortamos en daditos. Cuando vayamos a usarla tiene que estar fría.
3. En un recipiente añadimos los elementos secos previamente tamizados (si es necesario): harina, sal, levaduras y azúcar glas. Removemos para mezclar los ingredientes.
Añadimos la mantequilla en trocitos y con ayuda de las manos, vamos a ir amasando la mezcla con las puntas de los dedos, porque con el calor de las manos, la mantequilla comienza a derretirse y a fundirse con el resto de ingredientes. Paramos cuando tengamos la masa como si fueran migas.
4. Hacemos un hueco en el medio de la masa y añadimos la leche/nata. Comenzamos a remover (bien con las manos o con unas varillas) hasta que esté todo más o menos mezclado, que amasamos hasta obtener una mezcla blanda y firme, que no se pegue a las manos (si es necesario corregimos con cuidado con harina o leche).
No trabajéis mucho la masa, porque sino la textura del scone una vez horneado puede cambiar mucho.
5. En una superficie lisa y enharinada, aplanamos y estiramos la masa hasta que tenga un grosor de unos 1,5-2 cm.
Con ayuda de un cortapastas (podéis hacerlos de cualquier tamaño, pero lo normal es usar uno de unos 5cm de diámetro), recortamos los bollos y vamos colocándolos sobre una bandeja forrada con papel de horno. Los recortes sobrantes se juntan y amasan y volvemos a cortar.
6. Una vez tengamos todos los scones preparados para hornear, los pintamos con huevo batido o bien con un poco de leche/nata. Eso ya a vuestro gusto. Yo los pinto con huevo porque quedan más doraditos.
7. Horneamos unos 15-20 minutos. Vigilarlos porque depende del tamaño tardan más o menos en estar listos.
8. Retirar y servir templados y partidos al medio, con una buena taza de té y con clotted cream o mantequilla y mermelada.
La clotted cream es difícil de encontrar por España, por eso la opción más cercana (aunque ni se le parezca...) es la mantequilla. Si os atrevéis a hacer clotted cream casera podéis encontrar un montón de recetas en la red, simplemente lleva nata, tiempo y paciencia.
Comí de más, dormí de menos, bebí mucha cerveza, vi muchos jardines, colleges y demás cosas bonitas, andé y paseé mucho, tomé un par de pintas en el pub donde Watson y Crick fueron a celebrar que habían descubierto el ADN, tomé té para merendar, me hice un trillón de fotos y por supuesto... me compré libros de cocina.
Así que invadida por el espíritu de "I love England and its Queen", he decidido preparar mi muy favorita pieza de repostería inglesa: los scones, que son unos panecillos redondos, que se sirven con una crema (clotted cream) y mermelada. Si a eso le sumáis un té, tendríamos un cream tea, o lo que es lo mismo, la definición perfecta de felicidad y de decirle adiós a la dieta.
Y cómo no... os tengo que hablar de la comida. Todo conocemos el topicazo y ya nos hemos aprendido aquello de que la gastronomía inglesa no es buena y que no está precisamente entre las mejor valoradas. Pero puedo decir que comimos muuuuy bien y cosas muuuuuy ricas, y por supuesto, grandes éxitos como el fish and chips o el roast beef.
INGREDIENTES
Para 8-9 scones
250g harina de trigo
1 huevo
75g mantequilla
150ml de leche entera/nata líquida
1 cucharada y media y azúcar glas
1 cucharada de levadura en polvo
1 cucharadita de levadura de panadería seca
1 pizca de sal
Opcional: pasas, arándanos, frutos secos...
Receta inspirada en una de las recetas de scones de Nigella Lawson y en otra receta de la BBC.
1. Precalentamos el horno a 200º.
2. Justo antes de ponernos manos a la obra, sacamos la mantequilla de la nevera y la cortamos en daditos. Cuando vayamos a usarla tiene que estar fría.
3. En un recipiente añadimos los elementos secos previamente tamizados (si es necesario): harina, sal, levaduras y azúcar glas. Removemos para mezclar los ingredientes.
Añadimos la mantequilla en trocitos y con ayuda de las manos, vamos a ir amasando la mezcla con las puntas de los dedos, porque con el calor de las manos, la mantequilla comienza a derretirse y a fundirse con el resto de ingredientes. Paramos cuando tengamos la masa como si fueran migas.
4. Hacemos un hueco en el medio de la masa y añadimos la leche/nata. Comenzamos a remover (bien con las manos o con unas varillas) hasta que esté todo más o menos mezclado, que amasamos hasta obtener una mezcla blanda y firme, que no se pegue a las manos (si es necesario corregimos con cuidado con harina o leche).
No trabajéis mucho la masa, porque sino la textura del scone una vez horneado puede cambiar mucho.
5. En una superficie lisa y enharinada, aplanamos y estiramos la masa hasta que tenga un grosor de unos 1,5-2 cm.
Con ayuda de un cortapastas (podéis hacerlos de cualquier tamaño, pero lo normal es usar uno de unos 5cm de diámetro), recortamos los bollos y vamos colocándolos sobre una bandeja forrada con papel de horno. Los recortes sobrantes se juntan y amasan y volvemos a cortar.
6. Una vez tengamos todos los scones preparados para hornear, los pintamos con huevo batido o bien con un poco de leche/nata. Eso ya a vuestro gusto. Yo los pinto con huevo porque quedan más doraditos.
7. Horneamos unos 15-20 minutos. Vigilarlos porque depende del tamaño tardan más o menos en estar listos.
8. Retirar y servir templados y partidos al medio, con una buena taza de té y con clotted cream o mantequilla y mermelada.
La clotted cream es difícil de encontrar por España, por eso la opción más cercana (aunque ni se le parezca...) es la mantequilla. Si os atrevéis a hacer clotted cream casera podéis encontrar un montón de recetas en la red, simplemente lleva nata, tiempo y paciencia.
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