Los carnavales acaban oficialmente hoy... y hasta el año que viene no vuelven (snif snif). Después de lo bien que lo hemos pasado, ya sólo nos queda descansar y como buenos Oompa Loompa, trabajar y pensar en ideas para el año que viene!
Para ayudar a pasar la resaca carnavalera y para inaugurar la temporada de fresas oficialmente hemos preparado un bizcocho inspirándonos en el típico postre de fresas con naranja.
INGREDIENTES
250g fresas
1 naranja
1 yogur griego
80g mantequilla
100ml leche
220g de harina
3 huevos M
1 sobre de levadura
130g de azúcar
1 cucharada de azúcar avainillado
Pizca de sal
Crema para acompañar
200ml crema fresca (Crème fraîche)
1/2-1 cucharadita de canela en polvo
1. Precalentamos el horno a 180º.
2. Derretimos la mantequilla con ayuda de una sartén o con un golpe de microondas. Reservamos.
3. Ahora nos ponemos con la fruta: lavamos y picamos las fresas en trocitos no demasiado pequeños y los colocamos en un plato hondo y añadimos 2 cucharadas de azúcar.
Lavamos la naranja y rallamos la piel (con cuidado de no llevarnos la parte blanca) y exprimimos una de las mitades. Reservamos la ralladura y añadimos el zumo obtenido a las fresas.
4. En un recipiente adecuado mezclamos los
huevos, la mantequilla y el azúcar con unas varillas. Luego añadimos la leche y la ralladura de naranja y seguimos mezclando.
5. Tamizamos la levadura y el harina y añadimos a la mezcla. Por último añadimos las fresas, incluyendo todo el jugo que han ido soltando.
6. Engrasamos el molde, si es necesario, y vertemos la masa. Horneamos durante unos 45-50 minutos, hasta que esté dorada y al pincharlo salga limpio un palillo.
Debido a todo el agua de las fresas es normal que no suba tanto como otros bizcochos, pero queda muy jugoso.
7. Para desmoldarlo bien y evitar desastres, esperamos al menos 30 minutos.
8. Como acompañamiento del bizcocho vamos a usar crème fraîche. Colocamos en pequeño recipiente la crema, añadimos la canela y mezclamos bien. A nosotros nos gusta el toque ácido que le da sin añadirle azúcar, pero eso ya va en gustos.
Vigilar los trozos, ¡porque al menos en mi cocina volaron!
